Ayer, viernes, era festivo en Bilbao al ser el día grande de las fiestas. Mi intención era aprovecharlo y salir por el B.P.T. a fotografiar mercancias, pero el pronóstico del tiempo para Bizkaia no era nada bueno: lluvia, lluvia y más lluvia. Y como dicen que la ocasión la pintan calva, aproveche para ir a otro sitio donde el tiempo fuese a ser más benigno.
La costa quedaba descartada, así que había que entrar al interior, por lo que decidí visitar la estación de Vitoria, la cual tenía muchas ganas de visitar desde hace tiempo.
Una 470 esperando en la estación de Vitoria para volver a Pamplona.
Foto: Aitortxu.
El viaje fue horrible, empezando por el madrugon a las 7:00 de la mañana, para bajar a la estación de cercanías e ir hasta San Mamés en tren y coger allí el autobus a Vitoria, y siguiendo por los “susedidos” acontecidos durante el viaje, el primero de ellos al llegar a la estación de Portugalete, cuando, por megafonía, avisarón que el tren que tenía que venir destino Bilbao, llegaba con 10 min. de retraso. Pues bueno, pense, sacaré la cámara por si viene algún mercancias. Pero no fue así, llego la “Dodotis” y no había pasado ningún mercancias, pero, justo, en el momento en el que guardaba la cámara y entraba en la 446, apareció un bobinero tirado por dos locomotoras de la serie 269 en color taxi, una rareza hoy en día por el B.P.T. La primera en la frente.
Llegó a Bilbao y tengo el tiempo justo de coger el autobús a Vitoria, lleno a rebosar de patateros que vuelven a su terruño después de estar de fiesta por la Gran Ciudad. Total, que si, o también, me toca sentarme al lado de un tio que va con una borrachera de órdago y durmiendo a pierna suelta ocupando su asiento y la mitad del mío (no creías que el resto del autobús iba mucho más sereno), aunque después del pertinente correctivo y delimitación de fronteras administrativas se apoyó contra el cristal y, ala, a soñar con los angelitos. Y ya van dos.
Llegamos a Vitoria sin mayores contratiempos y enfilo hacía la estación de ferrocarril que, en un alarde de originalidad, se llama de Vitoria-Gasteiz. Aunque en un principio la idea era pasar el día en Vitoria,la orientación de la estación (O – E) es muy mala y la luz matinal da de pleno a todos los trenes que llegan de Ñoñosti – Pamplona, que son la mayoría de circulaciones que pasan por la mañana. Tres. Así que después de fotografiar el obispo (serie 432) y una 470 que llega de Pamplona y queda a la espera de realizar el servicio de vuelta, el sentido común del fotográfo ferroviario impone una migración hacía el sur, como en invierno. Además, al sur de Patatolandia está el gran nudo ferroviario del norte de España: Miranda de Ebro.
Una unidad 432, cariñosamente apodada “Obispo”, descansa en la playa de vías de la estación de Vitoria.
Foto: Aitortxu.
Cuando comienzo a pensar que las cosas pueden mejorar en el viaje a Miranda, la triste y cruel realidad, aderezada con la innata inclinación del Ser Humano a ponerse en el lado de la ventanilla para poder cerrar las cortinillas y así dormir o poder leer sin reflejos del sol, mientrás al que le gusta disfrutar del paisaje no tiene más remedio que ir sentado en el asiento del pasillo mirando a la nada, la triste y cruel realidad, decía, me recuerda que debería haberme quedado en casa. Durmiendo. Aunque mi abuela decía, no se si sabiamente o no, que sarna con gusto no pica. A lo que yo añadiría es verdad, que no pica, pero da sueño.
El arco a Vigo, rama de Irún, acoplandose a la rama de Bilbao en Miranda de Ebro.
Foto: Aitortxu.
Al llegar a Miranda lo primero que hago es fotografiar el Arco en el que he venido (con la asombrosa cantidad de ¡4!, señores y señoras, ¡4! coches) mientrás maniobra para acoplarse con la rama de Bilbao que estaba ya esperando. Y, el resto del día en Miranda de Ebro, lo contaré un día de estos.
