La locomotora Izarra, construida en 1863, en su actual ubicación.
Foto: Aitortxu.
A raíz de la conmemoración del 150º aniversario del ferrocarril en Miranda de Ebro y viendo el lleno total y absoluto de los dos trenes especiales organizados el fin de semana y la expectación que estos trenes han levantado, especialmente en la ciudad mirandesa, las preguntas no tardan en llegar, al menos para los que somos aficionados al ferrocarril… ¿porque en este país se sigue maltratando el patrimonio histórico que tenemos? y quién dice maltratar lo dice por no decir directamente despreciar o vender como chatarra al primer chatarrero que pase.
Actualmente, si no me equivoco, existen solamente tres trenes de vapor regulares, o más bien dos, desde que el tren de vapor que todos los fines de semana recorría un circuito cerrado desde la estación de Azpeitia (sede del Museo Vasco del ferrocarril) hasta Lasao ha sido suprimido por no encontrar un maquinista (la historia es muy larga y muy poco agradable, quizá algún día la cuente). Los dos ferrocarriles que sí siguen en activo son el Tren de la Fresa que pone en circulación la Fundación de los ferrocarriles españoles y que además a veces se ha hecho con tracción diésel o eléctrica en vez de con vapor y el Tren dels Llacs, que creo haber leído hoy mismo que esta temporada irá remolcada por la 282F-0421.
Mientras, en Europa, si queridos lectores, aquello que está por encima de los Pirineos, los viajes en vapor son bastante comunes, especialmente en Francia y Alemania, pero también en el Reino Unido, por ejemplo, donde existe numeroso material vapor en perfecto funcionamiento que funciona excelentemente y arrastra trenes turísticos de época. Ironías de la vida, el país turístico por excelencia de Europa, España, apenas cuenta con actividades turísticas que hacen las delicias de las nacionalidades que en mayor número nos visitan. Con el sol y la playa, vamos que chutamos.
Gran parte de nuestro patrimonio histórico industrial, porque que nadie dude todavía que el ferrocarril fue lo que permitió a España pasar de un país anclado en el siglo XVIII en pleno siglo XX a la modernidad contemporánea, se pudre en “macetas”, monumentos en estaciones a la intemperie, o directamente en la calle a mano de los bobos del spray o plantados en medio de una rotonda, en vez de restaurarse y utilizarse en trenes turísticos que seguramente serían un éxito como lo han sido los escasos trenes turísticos que ha habido en este país. Pensando positivamente, al menos están plantadas en macetas y quizá se puedan restaurar en un futuro y no desguazadas.
Eso sí, el poco material que es restaurado muchas veces lo es gracias al incombustible ánimo e impagable trabajo de las asociaciones de amigos del ferrocarril de este país. Digo impagable en ambos sentidos, en el monetario, porque muchas veces son personas aficionadas que invierten dinero de ellos y su preciado tiempo en restaurar ferrocarriles y en el gran trabajo que realizan para que todo el mundo podamos disfrutarlo después. Y todo ello muchas veces desde el desprecio generalizado y la nula cooperación de organismos culturales y empresas ferroviarias.
El año que viene se cumplen 150 años de la inauguración de la línea de ferrocarril entre Tudela y Bilbao, la línea de ferrocarril que permitió la comunicación de Bizkaia, de sus minas, de sus puertos, de todo su comercio, con la meseta castellana, la línea de ferrocarril que auspició el crecimiento del puerto de Bilbao y de todo Bizkaia. Veremos que pasa el año que viene, ¿veremos alguna locomotora de vapor subiendo el puerto de Orduña de nuevo?, sinceramente, no lo se, aunque sería algo que me encantaría, estoy seguro de dos cosas: que en caso de existir ese viaje habría que pegarse por un asiento en dicho tren y que la expectación que levantaría sería épica, asaz bilbaína, no solamente en Bilbao, si no en torno a todos los pueblos por los que pasase el tren.
Lo formidable, lo fuera de lugar, sería que la locomotora Izarra, locomotora originaria de la línea y construida en 1863 que ahora mismo lo único que hace es coleccionar herrumbre y suciedad en su pedestal de la estación del Norte, de Abando, o de Indalecio Prieto, como cada uno quiera llamarle, pudiera recuperar su lugar y su importancia en la historia de este país y fuese restaurada, puesta en funcionamiento y pudiese tirar de ese tren de vapor subiendo el puerto de Orduña. Y que luego, olvidando la idiosincrasia estúpida de este país estúpido, que fuese la titular de un tren turístico regular. Viajeros seguro que no faltaban. Y no, no vale con que los aficionados, especialmente la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao, sufragen la reparación de dicha maquina, debería ser el ayuntamiento de Bilbao junto con la Diputación de Bizkaia, además de otras empresas que bien que solicitaron la participación de la sociedad bilbaína para construir el ferrocarril y sacar beneficios de él, los responsables que se encargasen de lustrar como se merece semejante pedazo de historia de Bilbao y de Bizkaia.
Bien es cierto que el destino de la Izarra podría ser infinitamente peor que el recolectar herrumbre en dicho pedestal, ya que lo que le salvo del desguace (aparte de la intervención de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao) fue eso precisamente, el pedestal donde está ahora. Pero, insisto, sería muy bonito poder contemplar la Izarra en estado de marcha, subiendo de nuevo el Puerto de Orduña para conmemorar el 150º aniversario de la llegada del ferrocarril a Bilbao. La Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao lo ha intentado varias veces, pero a nadie le interesa, ¿que más da la Historia? y más, si es la industrial.
Nota: He visto varias discusiones en torno a la restauración de esta locomotora y mi intención es alejarme de dichas polémicas. Lo que, desde luego tengo claro, es que la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao, aunque depositaria formal de la locomotora, no creo, en absoluto, que sea la responsable de su actual estado y que siempre han hecho todo lo posible por cuidar de la locomotora como mejor han sabido. Pero los que tienen el dinero suficiente y los que han sacado rendimiento económico de la locomotora son otros. Y a ellos, en mi opinión, les toca apechugar y adecentar la Izarra como se merece.
