Las relaciones entre Bilbao y Cantabria siempre han sido muy tensas, como sucede con todos los vecinos. No es mi intención valorar que sí fulanito de tal tiene razón o es fulanito de cual el que la tiene, si no, simplemente, explicar un poco las relaciones entre estos dos vecinos, que lejos de ser unas relaciones cordiales, que es como deberían de ser, cualquier cosa que se haga en uno u otro territorio siempre es motivo de disputa y de agravio comparativo, desacuerdos que últimamente resurgen con mucha fuerza debido a dos (futuras) líneas de ferrocarril.
Huelga decir que probablemente no seré la persona más imparcial del mundo, pero tampoco es esa la intención por ser totalmente imposible para un vizcaíno, como lo es un servidor. Por decirlo menos finamente: al que le pique, que se rasque.
Para posibles lectores ajenos al norte de España, situémonos tanto espacial como temporalmente e intentemos hacer un rápido resumen de los caminos emprendidos por ambas ciudades. Dentro de lo posible, claro.
Bizkaia y Cantabria son dos lugares que comparten grandes similitudes tanto culturales como sociales, pues son vecinos territoriales, lindando Cantabria al oeste de Bizkaia. Debido a la situación de Bilbao, a 20 km escasos de la frontera con Cantabria y a la de Santander, a 80 km. de la frontera este con Bizkaia, la parte oriental de la comunidad cántabra siempre ha estado fuertemente influenciada por el bocho bilbaíno, siendo incluso lugar de vacaciones y de segunda residencia de gran número de vizcaínos y, en los últimos años, convirtiéndose en la primera residencia pero sin que los vizcaínos llegasen a censarse en los pueblos cántabros en los que residen habitualmente, algo que, por otra parte, ha derivado en una falta acuciante de determinados servicios básicos, como el suministro de agua o equipamientos municipales.
Además, por su cercanía, los habitantes del este de Cantabria siempre han acudido al oeste vizcaíno en busca de atención sanitaria, trabajo y ocio, convirtiéndose Bilbao en la capital de referencia, postergando a Santander como mera capital administrativa a la cual se acudía de manera totalmente casual, puntual y en caso de no tener más remedio que hacerlo (por ejemplo, debido a cuestiones burocráticas que solamente pudiesen resolverse en Santander), lo que finalmente propicio, entre los rencores de unos, los egocentrismos de otros y las envidias absurdas, que los cántabros y los vizcaínos sean de los peores enemigos.
En esta enemistad ha influido la encarnizada lucha de ambas comunidades, cuando tenía que haber sido una sana competencia, tanto entre sus respectivos puertos (el de Santurce – Bilbao y el de Santander) como sus aeropuertos, así como en atraer las infraestructuras necesarias para su desarrollo.
En cuanto a la evolución histórica de las dos zonas, no puede haber sido más dispar, especialmente a partir de la revolución industrial, cuando Bizkaia paso de un régimen rural a un panorama totalmente industrializado que causo serias alteraciones económicas, sociales y urbanísticas que no se dieron en Cantabria, que en ningún momento llego a perder su condición rural, a excepción de reducidos núcleos urbanos cuya expansión fue fruto del encarecimiento del suelo vizcaíno a partir de los años 80 y cuyo desarrollo solamente pudo ser debido al gran nivel de vida que se consiguió en el oeste vizcaíno.
Así, actualmente, mientras el oeste de Bizkaia lleva años reinventándose urbanísticamente para adecuarse a una nueva realidad en la que la industria pesada ha desaparecido y ha sido sustituida por grandes centros comerciales o ferias de muestras en antiguos polos industriales, museos de arte moderno en antiguos muelles de carga de mercancías, paseos de bicicletas en antiguos ferrocarriles mineros, etc…, el cambio en Cantabria ha sido prácticamente nulo, exceptuando la evolución general de un entorno menos rural a un entorno más urbanizado basado en el turismo y el ocio. Puede decirse, por tanto, que, exceptuando determinados núcleos como Castro o Laredo fuertemente influenciados por Bizkaia debido a su proximidad, el resto del este de Cantabria es una zona rural exactamente igual a como era Bizkaia a principios del siglo XIX, con pequeños pueblos de pescadores en la costa y explotaciones agrarias hacia el interior.
Pero ciñámonos a los datos objetivos: la zona occidental de Bizkaia, comprendida por las dos márgenes de la ría del Nervión, Bilbao y las encartaciones, suman, de muy largo, el millón de habitantes, comparado con los apenas 500.000 residentes de toda Cantabria, careciendo Santander de una zona metropolitana digna de mención, pero que puede estimarse en unos 200 – 250.000 habitantes (siendo muy generosos).
Todo el occidente vizcaíno ha sido durante años la punta de lanza de la industria española, mientras que en Santander la presencia industrial es meramente anecdótica. Buena prueba de ello es el tráfico portuario, principal nutriente de las mercancías de un ferrocarril, y cuyos datos son concluyentes y esclarecedores. Según la web oficial de Puertos del Estado el tráfico acumulado durante este año fue de 7.134.587 tms. en el puerto de Bilbao y de 1.071.449 tms. en el de Santander. A buen entendedor, pocas palabras bastan.
En cambio Cantabria siempre ha atraído un número de turistas superior al que ha atraído Bilbao (de hecho el este de Cantabria sobrevive gracias al turismo vizcaíno), pero esta es una cuestión en la que las cifras están cambiando, ya que Bilbao cada vez atrae más turismo, aunque el número de turistas vizcaínos que van a pasar el día al este de Cantabria no disminuye.
En definitiva, el Gran Bilbao tiene mucha más población, tiene mayor industria y mueve muchas más mercancías que Santander, siendo la capital económica y, por definición, la ciudad más importante del norte de España.
Por otro lado, Santander tiene su punto fuerte en el turismo, aunque existe un gran flujo de movimiento de personas entre el este de Cantabria y el Gran Bilbao.
En el siguiente post nos meteremos en faena con el primer ferrocarril de la discordia, el ferrocarril de Bilbao a Castro.

