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Potenciando el transporte publico

Perpetrado el 17 de diciembre del 2009 por Aitortxu

Desde hace años se nos viene insistiendo a los ciudadanos, que hoy en día es una formula para referirse a los pobres estúpidos que pagamos el enriquecimiento de los políticos, sus familias y sus amigos, en la necesidad de utilizar el transporte público en nuestros desplazamientos, especialmente a las grandes ciudades, a pesar de que a algunos ciudadanos no hace falta que nos insistan sobre el tema porque ya lo tenemos de sobra asimilado y utilizamos el transporte publico de sobra. O cuando nos dejan los mismos políticos que dicen potenciarlo.

Las razones esgrimidas para que los ciudadanos utilicen el transporte publico van desde las ecológicas (menos consumo de combustible, menos ruido, mayor eficacia energética…) hasta las económicas, pasando por las de comodidad / seguridad, especialmente si es para salir de fiesta. Quién suscribe esta entrada está totalmente de acuerdo con ellas, efectivamente utilizar transporte publico contamina menos, ayuda a ahorrar combustible y dinero, descongestiona las ciudades, es cómodo (por lo general, aunque siempre hay excepciones que confirman la regla y, ahora mismo, se me ocurren un par de ellas…) y seguro. Da igual si tienes sueño, estas cansado o vienes de una cena donde ha corrido el vino en abundancia, tu no tienes que conducir y, por lo tanto, no hace falta tener todos los sentidos alerta. No tienes que buscar sitio para aparcar, en los transportes que no sean por carretera no existen los embotellamientos, la meteorología (salvo en casos extremos) no afecta al servicio y es muy raro que existan accidentes que bloqueen la vía.

Después del susto inicial de ver que estoy de acuerdo con lo que piensan los políticos (no le deseo a nadie semejante trauma), resulta que al final la concepción de transporte publico que tienen los políticos es diferente al mio.

El transporte publico, pienso humildemente, tiene que servir, efectivamente, para ahorrar combustible, reducir la utilización del coche, especialmente en trayectos cortos y vaciar las ciudades de ellos, transportar las personas permitiéndoles acudir a lugares de ocio o trabajo con comodidad y rapidez… y tiene que poder utilizarse por todo el mundo.

En cambio, para los políticos, el transporte publico solamente sirve para lo que sirve cualquier bien de la comunidad: para enriquecerse, ellos, sus familias y sus amigos. En vez de ser algo que preste un servicio a la sociedad, es algo que tiene que darles beneficios. Directa o indirectamente.

Potenciar el transporte publico, en mi opinión, debería consistir en:

Crear una red de transporte eficiente con numerosas lineas y frecuencias.
Amplios horarios de funcionamiento
Vehículos cómodos y eficientes energeticamente.

Además, para asegurar que todo el mundo pueda utilizarlo y para potenciar su uso por encima de los medios de transporte privados, el transporte publico debería ser, si no totalmente gratuito si casi gratuito. Al menos para los ciudadanos.

Potenciar el transporte publico, para los políticos, consiste en:

Reducir cada vez más las lineas que existen y su frecuencia.
Reducir cada vez más los horarios de funcionamiento.
Utilizar cualquier material que exista.

En cuanto a los precios del transporte publico estos solamente pueden calificarse con adjetivos como abusivos, desproporcionados, injustos y un largo etcétera.

Así nos encontramos con que los diferentes gobiernos tienen que invertir un dinero exagerado en convencer a los ciudadanos para que utilicen el transporte publico. Claro que también lo hacen sin mucho convencimiento.

Luego disfrazan medidas recaudatorias y totalmente abusivas como quitar aparcamientos en las ciudades, establecer servicios de estacionamiento regulado, estrechar las entradas por carretera a las ciudades o reducir el limite de velocidad hasta límites totalmente absurdos con la excusa de potenciar así el transporte publico.

Mientras tanto el dinero que debería invertirse en transporte publico se malgasta en monstruosas autopistas de peaje que el grueso de la población no va a utilizar por carecer de los recursos económicos necesarios para ello, en vez de ampliar los horarios de utilización de los transportes públicos y que estos estén disponibles las 24 hr. del día como deberían estarlo al ser un servicio totalmente imprescindible, cada vez se reducen más. En cuanto a los precios, ni hablamos, es escandaloso que cada año los precios de los transportes públicos suban muy por encima de lo que sube el IPC.

Al final, por lo tanto, el transporte publico sirve para dos cosas: tener una poltrona donde sentar al político – afiliado importante – amigo de turno cuando le echan del cargo y como excusa para exprimir, aún más, los maltrechos bolsillos de los ciudadanos.

Como rezaba el anuncio de los 80, Papa, ven en tren. Si tienes dinero para pagarlo, claro.

Todo esto viene a esta noticia leída en el periódico 20 mintuos.

Continuará (para nuestra desgracia…).

Tropezando otra vez en la misma piedra

Perpetrado el 13 de septiembre del 2009 por Aitortxu

Uno de los recuerdos que guardo de mi infancia, de mi colegio, tenía que ver con una ventana del edificio donde estudiaba (echémosle que estando en 3º / 4º de EGB, hace dos eternidades, vamos). No es un recuerdo agradable.

Dicho recuerdo tiene que ver los objetos que adornaban todos los días esa ventana en particular, a donde los críos teníamos acceso sin problema alguno, ya que era una ventana baja. Y, esos objetos, eran como los de la fotografía, jeringuillas usadas por heroinómanos. Así, al alcance de cualquier mozalbete de 8 – 10 años. Eran los 80. Claro.

Los 80 causaron estragos: la crisis económica que había comenzado en los 70, que tuvo su máximo exponente en Euskadi en la reconversión industrial, dejo a la margen izquierda con tasas terribles de paro y una desesperanza que iba calando hondo en los jóvenes que veían como la industria que había sustentado la comarca y que había sido los pilares sobre los que se basaban toda la economía se derrumbaba como un castillo de naipes.

Jeringuilla

No son los años 80, es el año 2009 Foto: Aitor Diez

Muchos jóvenes que sabían que su único futuro estaba en A.H.V., en la Naval, en la General, o en la Balco, de repente vieron como esas industrias languidecían o, directamente, desaparecían dejando tras de si solamente suelos contaminados con Lindane, grandes zonas del territorio llenos de ruinas de los antiguos pabellones industriales y muchos barrios de obreros degradados, con casas en ruinas que solamente querían ser ocupadas por gitanos. Y escogieron la salida fácil: la heroína.

La única metáfora capaz de hacer justicia a la cantidad de heroína que corrió en los años 80 en la margen izquierda es decir que era un río tan ancho como la propia desembocadura de la Ría del Nervión. El sólo consumo de heroína mataba miles de jóvenes vascos, especialmente en la margen izquierda. Hubo épocas en las que la droga se cortaba con matarratas, lo cual acarreaba todavía más muertes. Y, otras, en las que la droga era tan pura que también aumentaba el número de yonkis muertos. A esto hay que sumarle el descubrimiento por esa época del SIDAV.I.H. Un mal cóctel.

El País Vasco y la margen izquierda más concretamente fueron de las zonas más castigadas de toda España. Tiene su explicación, y en parte tiene que ver con los estilos musicales. No es baladí que la fuerza del punk en España estuviese localizada en los años 80 y en la margen izquierda.

El punk surgió en el Reino Unido debido a la gran reconversión industrial de los años 70, con el no future como lema. No es de extrañar, pues, que cuando la reconversión industrial que propició el punk en el Reino Unido afectó a España, el punk surgiese en las zonas donde la reconversión industrial y la crisis fue más grave: el País Vasco y Cataluña. Así, a finales de los 70 – principios de los 80, Zarama llega desde el barrio conflictivo por excelencia de Santurce: Mamariga, zona de donde más adelante también surgiría otro grupo mítico del punk como lo fue Eskorbuto.

Por lo tanto, la margen izquierda se encontró en la década de los años 80 con unos pueblos superpoblados, muy contaminados y que la reconversión industrial dejo sin recursos económicos para atender las necesidades de poblaciones tan grandes. Además el constante clima de violencia que se vivía en las calles, con manifestaciones violentas, quema de autobuses, atentados, etc., acrecentaba todavía más esa sensación de estar ante un panorama sin salida, realidad social que quedaba refrendada por el surgimiento y la fuerza que el punk tenía en la comarca. La heroína era simplemente el siguiente paso. Que los patios de los colegios amaneciesen llenos de agujas utilizadas, también. O la inseguridad que se comenzó a vivir en determinadas zonas que antes simplemente eran zonas obreras.

Y hoy leo en el periódico que el consumo de la heroína está repuntando de nuevo, después de unos cuantos años de descenso. Justamente cuando vuelve una época de crisis, justo cuando el paro se dispara, el no future de nuevo. Pero no hemos aprendido nada, nos hemos olvidado de lo que pasó en los años 80 y que al final del túnel siempre hay una salida (y no es la heroína, precisamente). O quizá, como ya no sufrimos los estragos de esa maldita droga ni vemos jeringuillas en los colegios, nos da igual, volvemos a tropezar en la misma piedra. Hasta que de nuevo volvamos a ver yonkis pinchándose en los soportales de los edificios, o en las esquinas solitarias, o a pie de vía como se pueden ver ya en Barakaldo. Y hasta que de nuevo vuelvan las jeringuillas a los colegios o a los parques donde juegan los niños.

Quizá alguna vez aprendamos la lección, pero hasta entonces sufriremos nuestro analfabetismo como especie. Y lo peor es que nos lo tenemos merecido.

Ecología del siglo XXI

Perpetrado el 7 de septiembre del 2009 por Aitortxu

Existen palabras que son un potosí. Son palabras que, con su solo pronunciamiento, podemos conseguir lo que queramos del resto de personas. Y, como los políticos y demás ralea que gusta de dominar al rebaño en el que nos hemos convertido el resto de la sociedad, no son precisamente tontos, saben utilizarlas. En su provecho, por supuesto.

Por ejemplo, terrorismo. Probablemente la mejor de ellas. Gracias a esta palabra los derechos civiles de millones de seres humanos pueden ser pisoteados sin pundonor alguno. Si no, que se lo digan a aquellos que viajen en avión: en nombre de tan temida palabreja no se pueden llevar líquidos, como agua, porque puede ser un explosivo. Pero, tranquilos, que si se puede comprar agua en las tiendas del propio aeropuerto. Al precio que ellos marcan, por supuesto. También deberá el pasajero ceder ante cualquier violación de su intimidad (lo que incluye, en algunas ocasiones, ciertas oquedades corporales que no voy a nombrar pero que seguro que todos nos imaginamos) y poner cara de gilipollas cuando le requisen los datos que lleva en el disco duro de su ordenador. No importa la importancia, valga la redundancia, de dichos datos. Luego, que nadie se extrañe de porque esa idea tan original cuyo desarrollo llevabas en tu ordenador, de repente, ha sido clonada por alguna compañía del país que visitabas.

Y, lo peor, es que nadie se queja. Y si lo hace, simplemente, se nombra la palabra mágica: terrorismo. Y ya está. Ya dejamos que nos hagan de todo. O que se lo hagan al vecino, que total, algo habrá hecho.

Pero no es de este tipo de palabreja de la cual quiero hablar, no. Hoy quiero hablar de otra diferente, pero que no le anda a la zaga al término antes mencionado, hoy quiero hablar de ecología, que parece que es una palabra que se acaba de inventar y que todo el mundo debe utilizar para quedar bien (como les pasa a los políticos con otra palabra, democracia, cuyo significado muchos desconocen pero que todos mencionan al menos unas 20.534 veces en cada frase).

La última empresa en querer explotar ese filón que es la palabra ecología, ha sido Carrefour, o el Pryca, para los despistados como yo. Su apuesta de marketing, perdón, ecológica, es muy sencilla, a partir de ya no facilitan bolsas de plástico a sus clientes para llevar la compra. Y, tienen razón, es muy ecológico. Pero el problema es que a Carrefour, como a otros tantos, la ecología, como lo diría sin ser soez… se la suda. Vale, de acuerdo, he sido soez.

La verdadera razón de dejar bolsas de plástico es, simple y llanamente, ahorrarse los 5 millones de euros anuales que dichas bolsas cuestan. Ya si además, a ello le sumamos las nuevas bolsas de tela que venden, pasan de gastarse 5 millones de € a tener beneficios. Los de Mediamarkt no lo se, pero ellos está claro que no son tontos.

Las bolsas de plástico no son ecológicas, de acuerdo. Pero, por ejemplo, en mi casa se reutilizan para tirar la basura. O para llevar un libro, para envolver los tuppers de comida, etc… Y las que no, van a los contenedores de reciclaje. Creo que se puede decir que ninguna de las bolsas de plástico que hay en mi casa, sean de Carrefour, Eroski o de la tienda de debajo de mi casa, acaban en los vertederos. A no ser que la empresa que debería reciclarlas las tire. Que también puede ser. Y eso nos lleva a otra cuestión, si dejan de darnos bolsas de plástico… ¿que vamos a utilizar para tirar la basura? la respuesta está clara, al menos para Carrefour: bolsas de basura, que hasta ahora no se vendía ni una. Que, por cierto, son del mismo material que las que daban gratuitamente: de plástico.

Así que, de repente, resulta que no es que a Carrefour le importe el medio ambiente. Prueba de ellos son esos mega folletos que siguen repartiendo y que para nada son ecológicos. Una verdadera apuesta por la ecología contemplaría la total eliminación de dichos folletos, que para eso existe internet. O, ya puestos, que los directivos de Carrefour utilicen coches ecológicos, nada de Mercedes, ni Ferraris, etc… que esos si que contaminan mucho.

Y quién dice Carrefour dice, por ejemplo, la BBK, que cobran un extra a sus clientes por enviar extractos bancarios a los domicilios. Para salvar los bosques, dicen. Pero no tienen ningún cargo de conciencia con los árboles que dicen defender cuando lo que envían es publicidad. Debe ser que la publicidad no destruye árboles, como las bolsas de basura del Carrefour.

Carta abierta al Sr. Alcalde de Portugalete

Perpetrado el 28 de julio del 2009 por Aitortxu

Al hilo de la entrada de ayer sobre la lluvia de estrellas de las Perseidas, se me ha ocurrido la idea de hacer participe al Sr. Alcalde de Portugalete de mi desazón porque ningún portugalujo pudiese contemplar la lluvia de estrellas, pero visto que en la web del ayuntamiento la palabra “contenido” brilla por su ausencia, Y el poder contactar con el alcalde vía mail, también, pues como que he decidido ejercer aqui mi derecho a la pataleta, porque en realidad es eso, ya que aunque el alcalde llegase a leer este mail, dudo mucho que se plantease el hacer nada, excepto mandarlo a la papelera.

Aquí va:

Estimado Sr. Alcalde:

En la madrugada del próximo 11 de agosto, como todos los años, podrá observarse en su máximo apogeo una lluvia de estrellas comúnmente conocida como las Perseidas o las lagrimas de San Lorenzo.

También, como todos los años, los portugalujos tendremos que cambiar el “podrá observarse” por un “debería observarse” ya que la deficiente y derrochadora iluminación excesiva que sufre nuestra muy Noble Villa de Portugalete impide dicha observación (así como cualquier otra observación astronómica).

Soy consciente que el problema no es solamente una cuestión de nuestro pueblo, si no que también es cuestión inherente al resto de las poblaciones que nos rodean, pero estoy seguro que usted, como Alcalde de nuestra muy Noble Villa, podría hacer algo al respecto, al menos en el par de kilómetros cuadrados que usted administra. Utilizar iluminación eficiente, orientada hacía el suelo y no hacía el cielo podría ser un primer paso muy correcto. No hace falta que todo el pueblo este iluminado a las 2:00 de la mañana con la misma intensidad que a las 12:00 del mediodía. Y mucho menos que el cielo resplandezca anaranjado.

No voy a detallarle todos los efectos negativos que una iluminación deficiente conlleva para la salud, tanto de los seres humanos, como los animales, ya que sus nocivos efectos son de sobra conocidos y existe abundante literatura al respecto. Tampoco voy a ahondar en los perjuicios económicos que conlleva el derroche de electricidad, más aún en estos tiempos aciagos de crisis que padecemos. Pero si que espero, si me lo permite, hacerle partícipe de todas las ideas, creaciones, reflexiones, etc… que se pierden sin un firmamento estrellado y oscuro.

Seguro que estas últimas palabras le parecen algo muy poco crucial y desde luego sin la importancia suficiente como para dedicarlas más tiempo que el necesario para leerlas, incluso seguro que las considera algo banal, risible y ridículo. Pero, ¿que hubiese sido de la civilización moderna sin la observación del cielo nocturno? ¿que cultura tendríamos si a los grandes poetas, filósofos, dramaturgos… griegos o romanos no les hubiese inspirado el cielo nocturno? ¿cuantas obras de arte han sido inspiradas por la observación de los astros? ¿que sería de nuestra ciencia moderna sin esa observación?

Probablemente le parezca una cuestión baladí, pero no lo es. Muchas de nuestras costumbres y mucha de nuestra cultura está influenciada por la observación del espacio oscuro. Sin noches oscuras y estrelladas perderemos mucha cultura futura y muchas obras artísticas no llegarán a materializarse por falta de inspiración.

Pero así deberemos seguir llevando gafas de sol por la noche, para que ese maravilloso color anaranjado del cielo no nos deslumbre. Algo es algo.

Pí­dele cuentas al Rey

Perpetrado el 16 de febrero del 2008 por Aitortxu

Hay un tipo de pelí­culas que trato de evitar ver a toda costa y, a la vez, me gustan mucho y me parecen de riguroso visionado, pero no quiero verlas porque me ponen de muy mala ostia, como estoy ahora.

Pelí­culas, por ejemplo, que tratan sobre la guerra (in)civil española porque siempre ganan los mismos hijos de la gran puta y siempre pierden – perdemos- los mismos.

Pelí­culas, por poner otro ejemplo, que tratan sobre temas sociales, sobre injusticias, que siempre han estado ahí­, que siguen estando y que siempre estarán, como el british social realism o el muy parecido cine de Ken Loach, porque me recuerdan lo que soy y que aunque ahora me vaya bien, el dí­a de mañana, por un capricho de la burguesia de turno, puedo acabar como cualquiera de ellos.

Un ejemplo de este último tipo de cine es Pí­dele cuentas al Rey donde se narra la desesperación de un minero asturiano que emprende camino a Madrid, a pie, para pedir a un tal Juan Carlos de Borbon un trabajo digno (que chiste…).

Recomiendo la pelí­cula, a parte de por estar bien hecha y dejarse ver muy bien, por ser una pequeña lección de Historia, de esa misma historia que los gobiernos tratan de borrar a toda costa, destruyendo cualquier cosa que tenga que ver con el pasado industrial español (pero de eso ya hablaremos largo y tendido otro dí­a).

Prometo que continuará…

El gran engaño del (14)92

Perpetrado el 11 de octubre del 2007 por Aitortxu

Todo pueblo o paí­s tiene derecho a celebrar su dí­a de exaltación a la patria, ese dí­a de decir que se es orgulloso de ser noseque por haber nacido en un punto determinado de un dibujo, hecho por alguien vete a saber cuando, que le dio por trazar unas lineas determinadas en un cacho de papel. Y por profesar, autentica adoración, por un trapo de color.

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