Con este post cierro esta crónica del viaje a Madrid que hicimos en Noviembre, para así poder contaros, en breve, lo prometo, el viaje por Asturias que hicimos hace un par de semanas.
Este viaje a Madrid me gusto más que el anterior que hicimos, probablemente porque estuvimos más en la Villa y Corte, la recorrimos en relativa profundidad, al menos por el centro, y la verdad es que me quedan muchas ganas de volver a Madrid y volver a visitarla, pero eso será cuando el Museo Arqueológico Nacional este abierto al público de nuevo.
Nuestro último día en Madrid fue, quizá, el más productivo: por la mañana visitamos el Museo del Ferrocarril y el parque de El Retiro y por la tarde, simplemente, callejeamos.
Interior del museo del Ferrocarril de Delicias, con el Talgo II al fondo.
Foto: Aitortxu.
El Museo del Ferrocarril Delicias probablemente sea el museo de ferrocarril más importante de España, con una colección de locomotoras muy completa, aunque solamente abarque el ancho ibérico. Está situado en la antigua estación de Delicias, deliciosamente construida en 1880 con una cubierta de acero a dos aguas muy similar a la de las grandes estaciones decimonónicas, siendo la primera estación monumental construida en Madrid.
La locomotora Virgen de Aranzazu, una de las encargadas de la tracción de los trenes Talgo II.
Foto: Aitortxu.
Dentro del Museo pueden encontrarse varias salas con elementos relacionados con el ferrocarril, como la sala de tracción, la de relojes, la de modelismo, etc… aunque el espacio estrella del Museo es, evidentemente, la playa de vías, donde pueden verse las grandes locomotoras que surcaron las vías de las diferentes compañías de ferrocarril que existieron el España (M.Z.A., Norte…) y que posteriormente se fusionaron en RENFE. Las locomotoras están ordenadas por tracción, diesel, eléctrica y vapor.
A destacar, a mi juicio al menos, dos joyas que se han mantenido en esa playa de vías: el Talgo II, con la Virgen de Aranzazu (sólo quedan dos composiciones preservadas, esta y la que se encuentra en el Museo del Ferrocarril de Vilanova i la Geltrú) y la Confederación 242F2009, mítica locomotora de los ferrocarriles españoles y una de las últimas en prestar servicio comercial.
Y al que no le gusten los trenes, al menos podrá tomarse un café en un antiguo vagón restaurante Pullman, algo que hoy en día es totalmente imposible, si no es en el Museo del Ferrocarril Delicias. Visita totalmente recomendable.
Llegar al museo no tiene pérdida, ya que existen estaciones de tren, autobús y metro a escasos 20 mts. de la entrada principal, pero en la página de información de la web del museo lo explican detalladamente, junto con tarifas y horarios.
Una de las mesas del vagón cafetería, totalmente operativo.
Foto: Aitortxu.
Fuente del Ángel caído.
Foto: Aitortxu.
Después de visitar el Museo del Ferrocarril, nos dirigimos al Parque del Retiro, que es un parque ajardinado de 118 hectáreas, y cuyos elementos actuales más destacados son el lago central presidido por el monumento a Alfonso XII y el Palacio de Cristal.
Pasear por el parque es todo un ejercicio de relajación, siendo audibles solamente el ruido de los pájaros que pueblan el parque y del agua de las innumerables fuentes ornamentales que lo jalonan. Personalmente, la que más me llamo la atención, fue la del Ángel caído.
El parque se asienta sobre unos terrenos que el Conde-Duque de Olivares regalo al Rey Felipe IV, comenzando este la construcción de diferentes edificios, como el Palacio del Buen Retiro, con el fin de que los jardines sirviesen como evasión a la corte de la época.
No fue hasta finales del siglo XVIII cuando Carlos III abrió el parque al público, con la condición, eso sí, de ir bien aseado y vestido.
Hoy en día el parque, aunque lleno de personas de determinada etnia que leen la buena esperanza (y que me llaman payo malo por no querer cogerles una ramita de romero) y de policías (probablemente debido a lo anterior), es un gran oasis de tranquilidad en medio de Madrid, donde se puede pasear, correr, sentarse a la sombra de algún árbol o, simplemente, contemplar las maravillosas obras esculturales que jalonan todos sus caminos. Y, si alguien tiene añoranza de la costa, aunque sea un triste y patético sucedáneo, siempre puede alquilar un bote en el estanque y remar un ratito.
Estanque del Retiro, presidido por la escultura en honor de Alfonso XII.
Foto: Aitortxu.
