Aunque en el programa de fiestas venía que Loquillo vendría con los Trogloditas, no fue así. Y eso, se nota. Porque aunque Loquillo mantenga su chuleria intacta e Igor Paskual (guitarra) no se pare quieto en todo el concierto, Loquillo y los trogloditas son una banda de rock, probablemente la mejor que existe hoy en día en el estado español, pero Loquillo, en solitario, con un grupo de músicos, que quizá sean excepcionales pero que, a mi entender, ayer no lo fueron, aburre.
Fue un concierto ramplon, que en muchos momentos aburria y que solamente supo despertar al público que no está acostumbrado al rock. Y eso gracias a la chuleria de Loquillo, que, seamos sinceros, es lo que llama la atención. Pero, si hablamos de música, ayer, en la Herriko Plaza de Barakaldo, hubo más bien poca. Y, si tenemos que hablar de rock, no hubo nada.
Claro, por mucha (y buena) técnica que se despliegue en el escenario, por muchas tablas que lleven acumaladas los integrantes del grupo (algo indudable, evidentemente), por muy bien que Loquillo salga del paso en ciertas situaciones (como un microfono que se cae al principio del concierto, magistralmente resuelto por el artista), quien piensa que va a ver a Loquillo y Trogloditas, piensa que va a ver rock, no el espectaculo de un showman que posa a la mínima que puede para las cámaras de los periódicos locales.
Bueno, por lo menos me queda el consuelo de haber visto varias veces a los Trogloditas. A los de verdad. Los que hacen rock.
