Después de desarrollar el tema de lo peliagudo que significa fotografiar depende que cosas en este país en Aficiones de riesgo (I) y en Aficiones de riesgo (II), prometo que esta es ya la última parte. Lo juro. Por Snoopy.
Estoy seguro que todos los que habéis leido las dos anteriores entradas pensáis, a pies juntillas, que hay sitios y/o temas que la ley prohíbe fotografiar. Por ejemplo, la mayoría pensaréis que no se pueden fotografiar comisarias, edificios gubernamentales, etc… Siento contradeciros, a día de hoy no existe ninguna ley que lo prohíba, ya que cualquier fotografía que se realice desde la vía pública / lugar público, es legitima y legal. Otra cosa es lo que piensen determinadas, ejem… “personas”, al respecto.
¿Y cual es el lugar más arriesgado para sacar fotografías en España? Las estaciones de ferrocarril. Si, si, como lo oyen sus atónitos oídos.
Comencemos con una breve introducción. En Europa, esa cosa que está al norte y que desde luego con la que España no tiene nada que ver (excepto para subir los precios de cualquier bien), la fotografía de ferrocarril es una actividad de ocio más. Por ejemplo, un aficionado alemán accede a una estación con su cámara, toma las fotografías que quiere y, después, se va por donde ha venido.
En España, por supuesto, no. Un aficionado español accede a una estación con su cámara… y no pasa de ahí porque ya tiene encima a cuatro uniformes, a los que, por cierto, por norma general no han querido en ningún otro trabajo, diciéndole que tiene prohibido ejercer su afición. Preguntados ante en que lugar de la estación figura dicha prohibición, la respuesta más común será “por que lo digo yo” (sic.). Traducido para los neófitos, “porque me sale de los cojones” (tristemente, sic. también). Y, claro, el aficionado se irá a su casa, sin fotografías, con un enfado más que monumental y, como se descuide, denunciado falsamente por algo que no ha hecho. Y eso si no se va calentito y sin cámara. Spain is different.
Pero lo mejor de todo es que en ningún sitio, y ningún sitio quiere decir ningún sitio, existe ningún cartel, ni norma de renfe operadora, ni de ADIF, que indique dicha prohibición. Debe ser una prohibición por ósmosis o algo similar.
Por lo tanto, e intentando dar cobertura legal a algo ilegal (que no permitiesen hacer fotografías en las estaciones de ferrocarril a los aficionados), ADIF y renfe operadora encontraron la panacea, el Santo Grial: el carnet de aficionado.
La idea era muy sencilla: aquellos aficionados que quisieran fotografiar las / en estaciones de ferrocarril deberían enviar sus datos a ADIF, quien a la vuelta de correo le enviaría una bonita cartulina (sin ni siquiera plastificar) de color blanco que, supuestamente, daba permiso para poder hacer fotografías en las estaciones de ferrocarril que ADIF administraba. En la realidad servía para perder el tiempo, ya que los mercenarios uniformados de las diferentes empresas de in-seguridad seguían diciendo en su gran mayoría que no, que no se fotografiaba dentro de la estación y que no. Por descontado seguía sin haber ningún cartel que indicase que estaba prohibido fotografiar dentro de las estaciones, no había referencia alguna en los reglamentos de renfe operadora y, por supuesto, tampoco se indicaba en ningún lado la existencia del carnet de aficionado.
Los aficionados al ferrocarril eramos, lo seguimos siendo, claro, la cosa más molesta tanto para renfe operadora como para ADIF. Mientras niñatos pijos que iban (van) de artistas porque saben hacer cuatro rayas con un spray destrozan las pinturas de las locomotoras, vagones, etc… la única preocupación de los “vigilantes” de “seguridad” era que los aficionados al ferrocarril no estuviésemos mucho tiempo parados en los andenes o que sacásemos fotografías a los trenes. Mientras autenticas joyas ferroviarias eran masacradas por los niñatos del spray, los aficionados eramos denunciados, insultados y agredidos por la gente (por decir algo) que las administraciones ferroviarias contrataban para, supuestamente, evitar esos actos vandálicos. Efectivamente, Spain is different.
Y un día llego un portal web de aficionados llamado Alta Velocidad que pidió dos carnets de aficionado esperando que se los denegasen: el primero para Jacob Emile Rodrigue Pereire, personaje histórico del ferrocarril del siglo XIX, evidentemente finado y el segundo para Gorka Loran, un sujeto, por decir algo, que actualmente está cumpliendo condena de 2775 años en la cárcel por el intento de atentado contra el intercity Irún – Madrid. Los dos fueron concedidos, uno a nombre de un muerto y el otro a nombre de un terrorista. Claro ejemplo de para que servía el famoso carnet.
Viendo el ridículo publico que había hecho, ADIF retiro en abril del 2008 el carnet de aficionado, emitiendo una circular interna en la que se indicaba a toda su plantilla que la fotografía de aficionado en las estaciones estaba permitida y era libre. Por fin. Pero, como bien dice el sabio refranero español, la alegría dura poco en la casa del pobre: los chicos de Harrelson seguían sin dejarnos sacar fotografías en las estaciones, con o sin carnet. De nada valía explicarles que la “prohibición” había sido derogada, que no, que no se fotografiaba dentro de la estación y que no.
Finalmente alguien les debió enseñar a leer porque los aficionados pudimos empezar a disfrutar de nuestra afición. Aunque sigue siendo una afición de riesgo, sin ir más lejos, hace cosa de un mes unos señores en la estación de Arrigorriaga me indicaron que dejase de hacer fotografías. Ni siquiera sabían que había existido una cosa que se llamaba el carnet de aficionado. Tampoco sabían, claro, que cualquier ciudadano podía y puede (el podrá es mucho aventurar en este mundo Orweliano que vivimos) fotografiar todos los objetos, edificios, trenes, etc… que le de la gana si lo hace desde un lugar público, como, por ejemplo, una estación de tren. Y, por supuesto, tampoco sabían que esa “prohibición” ilegal estaba ya derogada desde hacía un año. Bueno, no sabían o no querían saber.
Y, para terminar esta serie de post, os dejo un enlace muy completo sobre que es legal fotografiar y que no, vía Microsiervos.



