Que la fuerza te acompañe

Si alguien, en su sano juicio, comete la imprudencia de pagar 5 euros y mucho por ver la sexta entrega, el llamado Episodio III, que sepa a lo que se atiene.

La venganza de los Sith

Aunque la película comienza con vigor, garra y fuerza, tales propositos acaban degenerando en el más absoluto de los sopores. Con unas facultades interpretativas nulas, si exceptuamos, la verdad sea dicha, a Ewan McGregor, a medida que avanza la trama el espectador se va dando cuenta de los milagros que George Lucas ha debido hacer para encajar todo el puzzle. El argumento resulta forzado, sin niguna naturalidad y da la impresión de ser, simplemente, una excusa barata para justificar otra riada más de beneficios de miles y miles de millones de la moneda que sea.

El espiritu de la saga, del cine – y de la moralidad para con sus fans- se pierde en el camino, por supuesto. Después de haber dejado que nos tratase a todo el mundo como estúpidos con una película para crios en la cual el protagonista ni siquiera sabe vocalizar todavía de la edad que tiene, un personaje que hasta los niños de teta lo odiaban por lo estúpido que era y otro sinfin de despropositos (todavía necesito una explicación de porque el nivel tecnológico de la galaxia es más avanzado en los hechos que suceden 30 años antes…) y dejandonos en ascuas con esta, esperemos, última entrega, resulta que lo único potable de las dos horas y mucho (que, a mi, me han parecido 15) son los últimos diez minutos.

Que agradable tarde, un enorme chasco todo ello bañado en un bonito rudio incesante de bolsas de chucherias abriendose, niños chillando (¿pero no era una película para mayores de 13 años?) y latas de refresco abriendose. Esto es el cine modermo: una película mediocre en una sala todavía más mediocre. Pero seguro que la distribuidora, la sala y la tienda de golosinas que hay dentro del cine han tenido sus bonitos enormes beneficios. En nombre del Cine, por supuesto.



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