Viaje a Madrid (y II) – El viaje

Antaño, cuando se viajaba a algún lugar, el viaje hasta o desde ese lugar era parte del viaje en si. Generalmente servía para conocer caminos, paisajes o pequeños pueblecitos perdidos de la mano de Dios (o, el equivalente actual, fuera de la cobertura del GPS).

Hoy, en cambio, se haga como se haga el viaje, se ha perdido esa parte, ese tránsito hacía el lugar donde vamos y lo más importante es llegar lo más rápido posible, haciendo el menor número posible de paradas, obviando esos pueblecitos antes mencionados. Y, por supuesto, siguiendo el GPS, nada de arcaicos mapas.

Un servidor, que desde siempre ha resultado ser un romántico incurable, para que vamos a negarlo, prefiere viajar, como no, en tren, que es el medio de transporte más adecuado para poder deleitarse relajadamente con la mescolanza de paisajes que conforman la península ibérica. Lástima que el tren no fuese el medio de transporte más adecuado para llegar al alojamiento que teníamos reservado en las afueras de Getafe.

Eliminada púes la opción ferroviaria tenemos que optar entonces por la automovilística, fea, gris y contaminante, pero que también permite, a quién no conduce claro, deleitarse con los paisajes ibéricos. Primero, el verde ascenso a Altube, seguido de la vasta, marron e interminable meseta central. Atrás vamos dejando pueblos castellanos como Pancorbo, Briviesca, Lerma… hasta llegar al puerto de Somosierra, límite de la Comunidad castellano leonesa con su homónima madrileña.

Después de la tranquilidad de la autopista, llega el enjambre de carreteras de circunvalación de la gran ciudad y, después, inmensas autopistas rectas sobre una gran meseta, sin ninguna montaña a la vista, excepto El Cerro de los Angeles, el supuesto centro geográfico de la península ibérica. Hemos llegado a nuestro destino y hemos desaprovechado la oportunidad de parar en alguno de los pueblos antes mencionados, hemos obviado la famosa arquitectura de Lerma, ni tampoco hemos fotografiado los hermosos parajes del paso de Pancorbo.

Simplemente hemos huido hacía adelante, anhelando llegar a nuestro destino, sin importarnos la Historia que dejábamos a los lados de la autopista.



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