Nuestro viaje a Madrid coincidió con la festividad del día de Todos los Santos, Halloween o Samhain, como cada uno quiera llamarlo. Aunque si somos fieles a la realidad y teniendo en cuenta el lugar y el momento, lo que se festejaba era Halloween, al más puro estilo norteamericano, además.
El parque Warner se engalana todos los fines de semana de octubre con sus más sangrientas, fétidas y rasgadas vestiduras para sumergir de lleno al visitante en el más genuino ambiente norteamericano de Halloween, teniendo lugar la noche del 31 de octubre la cumbre de tan terrorífica ambientación con la celebración de un desfile del terror.
Ya, desde la mañana, se veía a muchísima gente, jóvenes, familias enteras, etc… disfrazadas para la ocasión o simplemente maquilladas y la estrella era, como no, Michael Jackson y sus zombis de Thriller. Que empacho, por favor, de Thriller, no quiero volver a escuchar esa canción ni ver a nadie disfrazado de Michael Jackson en diez años, por lo menos. Por favor.
A lo largo del día de organizan diferentes espectáculos con la temática del mundo de terror como tema, obviamente muy light ya que la mayoría van dirigidos a todo el público, es decir, a los críos, como una especie de taller para enseñar a los críos a bailar el Thriller.
También, en esta fecha tan señalada, se abre al público la única atracción que permanece cerrada en el parque el resto del año: el túnel del terror. No creo necesario el tener que explicaros sobre que trata la atracción, por cierto, creo recordar que una de las pocas atracciones para adultos del parque.
Aunque, para un servidor, más que un fin de semana terrorífico fue el fin de semana de la salsa de tomate, las caras pintadas de blanco y de odiar a Michael Jackson, que parece que son los iconos del terror: sangre, caras pálidas y Michael Jackson. Habrá que recomendar, un día de estos, algunas películas buenas de Terror.
